La celebración en pleno
desarrollo de las “Altas fiestas” judías (Rosh Hashaná, Yom Kippur) nos
interroga sobre presente e historia de la comunidad judía en Argentina.
Conviven hoy en su seno
ortodoxos, conservadores, reformistas, agnósticos y ateos. En algunos casos,
están vinculados por los grados de observancia religiosa y en otros por rasgos
culturales que van desde el respeto a las conductas y maneras de sus mayores
hasta por la preferencia de un estilo gastronómico común.
Todos, a su manera, se
reconocen judíos, aun cuando sectores fanáticos asumen ciertas exclusiones y
desconocen al resto.
Hace exactamente 125
años, estas mismas “Altas fiestas” fueron celebradas de manera muy diferente
por el primer grupo orgánico de inmigrantes de religión judía que llegó a
Argentina.
Arribados en el vapor
Weser el 12 de agosto de 1889, tras una asombrosa relación de vicisitudes, los
inmigrantes rusos orientados por el rabino Aron Goldman estaban alojados para
esta fecha en el galpón de la Estación Palacios, provincia de Santa Fe. Vivían
hacinados, lloraban la muerte de 61 niños arrebatados por una epidemia,
buscaban changas miserables para poder subsistir, comían galleta dura y restos
de alimentos que les arrojaban desde los pocos trenes que pasaban por esas vías
recién tendidas y que hoy pertenecen al Ferrocarril Mitre.
De tanto en tanto
recibían alguna cabeza de ganado bovino que sacrificaban según el ritual,
desaprovechando cortes que los criollos comían habitualmente.
Se sabe que un grupo
rezaba de manera continua y sistemática, tal como lo había aprendido en Rusia,
para los demás no había festejo.
Todos esperaban que se
cumpliera el contrato de compra venta de tierras firmado en Buenos Aires con el
hacendado Pedro Palacios, después que la hiperinflación desatada durante el gobierno
de Miguel Juárez Celman los despojara de las tierras ubicadas en la bonaerense
Pehuajó, señadas en París a Rafael Hernández bajo los auspicios de la ley
inmigratoria dictada por el presidente Nicolás Avellaneda en 1876.
Cuando los 824 pasajeros
descendieron del barco en el Puerto de Buenos Aires, alrededor de 1.500
habitantes de Argentina se reconocían de religión judía; el Weser agregó nada
menos que un 60%. Esas mujeres, varones y niños fundaron luego Moisés Ville, a
15 kilómetros del galpón ferroviario, cuando comenzó a cumplirse el contrato de
colonización, y abrieron el camino por el que llegaron 35.000 inmigrantes bajo
la conducción del barón Maurice de Hirsch, fundador de la Jewish Colonisation
Asociation que adquirió, parceló y revendió a crédito a bajas tasas de interés
medio millón de hectáreas en nueve provincias argentinas. Para el Centenario,
en 1910, el inmigrante Alberto Gerchunoff inmortalizó con el nombre de “Los
gauchos judíos” al grupo original y sus sucesores, viajeros de numerosos
barcos.
¿Saben las nuevas
generaciones que sus abuelos, bisabuelos y tatarabuelos llegaron exhaustos y
perseguidos a la Argentina, que aquí conocieron la libertad y vencieron todo
tipo de adversidades, entre ellas 80 grados de amplitud térmica, idioma, lucha
contra la langosta y las pestes en una Argentina que era más una lejana promesa
que una realidad tangible?
El vapor Weser y una epopeya argentina
01/Oct/2014
Clarín, Silvio Huberman Periodista Y Escritor. Autor Del Libro “los Pasajeros Del Weser” (Sudamericana)